1936-1939: ¿La guerra que perdimos todos?

OPINIÓN
Teodoro Leo Menor

1936-1939: La Guerra que perdimos todos (sin signos de interrogación) es el título de unas jornadas sobre la Guerra Civil Española organizadas por el escritor Arturo Pérez Reverte y el periodista Jesús Vigorra en Sevilla. El título de las jornadas, a las que estaban invitados historiadores, periodistas, escritores y políticos, creó de inmediato una fuerte polémica en el mundo intelectual. Así, surgieron dos percepciones sobre el significado del título de las jornadas:

  • Una.- Los que defienden que una guerra civil es una auténtica tragedia nacional en la que todo el país pierde, sin tener en cuenta quién ha sido el bando ganador.
  • Dos.- Los que, por otro lado, entienden que el título es incorrecto porque no dice que hubo responsables (los militares rebeldes que dieron un golpe de Estado) frente a los que defendían la legalidad, la legalidad de la Segunda República.

Las jornadas «Letras en Sevilla», finalmente, fueron aplazadas ante la postura de algunos historiadores y escritores ponentes, entre ellos el escritor David Uclés, que declinó asistir a la XI edición del ciclo «Letras en Sevilla» por la presencia de José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, antiguo miembro de Vox. Las jornadas, auspiciadas por la Fundación Cajasol, han sido programadas, en principio, para el próximo otoño.
A mi entender, la Guerra Civil Española no la perdieron todos los españoles, aunque todos sufrieran las consecuencias dramáticas y trágicas del conflicto armado. No. La guerra civil la ganó el bando sublevado a las órdenes del general Francisco Franco, que mediante una planificada persecución y represión, la prolongó al menos una década más. Y la perdió el bando republicano, que representaba la legalidad democrática de la Segunda República, una legalidad, por cierto, consensuada por todos los poderes del Estado, desde las mismas fuerzas monárquicas y conservadoras al Ejército, cuyo ministro era el general Dámaso Berenguer, y la mismísima Guardia Civil, cuyo director general era el prestigioso general José Sanjurjo Sacanell, el cual, al presentarse la tarde del 14 de abril de 1931 en el domicilio de Miguel Maura, de la Derecha Liberal Republicana (DLR) y exmonárquico, donde estaba reunido el Comité Revolucionario y Gobierno provisional de la Republica (Miguel Maura, Niceto Alcalá-Zamora, Manuel Azaña, Alejandro Lerroux…), y darle el visto bueno para la proclamación de la República, certificó de facto la caída de la Monarquía.
Efectivamente, el 14 de abril de 1931, cuando el cofundador de la DLR y exministro monárquico con Alfonso XIII, Niceto Alcalá-Zamora, proclamó la Segunda República en el balcón del ministerio de la Gobernación en la Puerta del Sol, ante una muchedumbre entusiasmada y pacífica, ni un solo estamento con poder del Estado movió un solo dedo para salvar la Monarquía (ni el Ejército ni la Guardia Civil), ni tampoco el propio rey Alfonso XIII, que como un cobarde, y sin necesidad de tomar esa medida, abandonó España por el puerto de Cartagena y marchó al exilio para no volver jamás.
Y es que, ciertamente, aunque los dos bandos cometieron crímenes horrendos, especialmente en las respectivas retaguardias, uno de ellos, el de los militares rebeldes dirigido por los generales Emilio Mola, Francisco Franco y Gonzalo Queipo de Llano, fue el único que violó, y de qué manera, la legalidad vigente.
La Guerra Civil Española, por tanto, no fue conceptualmente perdida por todos (aunque todos sufrieran sus consecuencias). La guerra civil la perdieron los republicanos y la ganaron los militares sublevados que protagonizaron el golpe de Estado contra la legalidad republicana.

(Fuente de la imagen: Ministerio de Cultura).
(Fuente de la imagen: Ministerio de Cultura).
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