CUADERNO DE APUNTES
Casiano López Pacheco

Por esa complicada espiral de causa-efecto, el mundo se queda gris y mustio, sin sentido ( si alguna vez lo tuvo) , cuando personas de la talla del amigo Juan Chacón Coronil les llega la hora fatídica ¿ podría ser liberadora, por un casual? , de abandonar el escenario, bajar el telón y apagar los focos.
Un artista de su peso, de su calibre , gente de ese nivel ( lo decía hace bien poco de mi querido Domingo Puerto) son tan valiosas, hacen tanta falta para poder sobrevivir en el proceloso mar de los días funestos que se han hecho costumbre, que llega un instante en que es sumamente difícil soportar el vacío que van dejando tras de sí.
Como botón de muestra de la estatura de su talento -dejando de lado su faceta marroquinera, nada desdeñable- en un pueblo en el que la artesanía de la piel alcanza las más elevadas cotas de perfección, su particular ejercicio de la pintura o de la música, aportan ya al inagotable venero ubriqueño, un tesoro artístico de valor imponderable, fruto de toda una vida de entrega a un quehacer que supone el norte de unos años vitales.
Lo hizo sin pensarlo, atendiendo a un instinto , igual que otros veteranos con los que juntos marcaron la línea por la que después vendría el aluvión de importantes artistas plásticos ( sobre todo ) y musicales que destacan al máximo nivel en el competitivo panorama nacional y andaluz.
Siempre recordaré con la dulzura que dan los recuerdos mágicos, el nacimiento de la mítica asociación Amigos del Arte, de la que fue fundador a la par que Miguel López Salas, José Luís López Núñez y otros destacados pintores del momento que siguen en activo.
Aquellos días pletóricos de exposiciones, iniciativas artísticas, subastas y exposiciones colectivas o individuales, son tan especiales como la sonrisa de Juan cuando te veía realizar tus primeros pinitos en tan complicado y azaroso mundo. Si él, sin eso que hicieron entre todos, nada de lo que disfrutamos hoy, hubiese existido.
Precursor en muchos aspectos, abanderado de otros, una página de la pintura ubriqueña de su época le pertenece con todos los honores. Pero si en dicha tarea despuntó como artista, como persona llegó más lejos.
Con un corazón como un torrente, extendía su vitalidad a los que tantas veces compartimos algún momento con él, contagiándonos de su optimismo desbordado. Tenemos mucho que agradecerle y somos legión también los que le añoraremos.
Definitivamente, Dios, los dioses paganos de la antigüedad o quién quiera que habite allí arriba, deben estar armando un ejército con los mejores, con los más destacados de entre nosotros, quizás para combatir tanta necedad, tanta miseria, tanta vergüenza ,tanta injusticia como la que a diario sufrimos los de abajo.
Esta suposición hipotética no nos alivia el dolor de su pérdida o de otras ausencias injustificadas, pero al menos, nos consuela un poco.
Descansa en paz , amigo Juan. Que la tierra no te pese y tu alma sea un pájaro alegre que nos visite de vez en cuando.