Día Internacional de la Mujer

OPINIÓN
Teodoro Leo Menor

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer, jornada institucionalizada por la ONU en 1975.
Este día conmemora la lucha histórica de las mujeres por la igualdad de derechos, su desarrollo integral y su plena participación en la sociedad. Esta reivindicación hunde sus raíces a principios del siglo XX, cuando las mujeres comenzaron a alzar la voz exigiendo sus derechos básicos, salarios justos y justas condiciones de trabajo.
La socialista alemana Clara Zetkin propuso un día internacional de la mujer, que quedó establecido el 8 de marzo tras la huelga de mujeres rusas en 1917 exigiendo «pan y paz», un hecho que consiguió el voto femenino en Rusia.
Una de las manifestaciones más graves contra el desarrollo integral de la mujer es la violencia de género, que entre 2003 (fecha de comienzo del proceso estadístico) y 2025 (23 años) ha producido 1341 víctimas mortales, una media anual de 53,95 homicidios a manos de sus parejas o exparejas.
España es uno de los países más adelantados del mundo (tal vez el más adelantado) en medidas penales, sociales, de protección y asistenciales para luchar contra esa lacra. Y es también uno de los países donde la sociedad, la Academia, los movimientos sociales y los medios de comunicación están más comprometidos con la defensa de los derechos de la mujer en todos los órdenes y, especialmente, contra la violencia sobre la mujer pareja.
Salvo en los años de la primera década de este siglo (2003/2010), donde en algunos años las muertes violentas de mujeres por estos delitos pasaron de 70 víctimas, desde 2012 a 2025 (14 años) se observa en el gráfico de muertes una línea plana (horizontal), o sea, con ausencia total de cambios y variaciones o relación entre las variables analizadas. Se da el caso significativo, además, de que en 2009 se produjeron 58 homicidios de mujeres por violencia de género, y en 2023 (14 años después) se vuelven a producir otros 58 homicidios. Esto es, llevamos en los últimos 14 años una dinámica constante y similar de homicidios de mujeres por sus parejas o exparejas por este tipo de delitos.
Pero ¿es eso un error de la política criminal implementada por los sucesivos Gobiernos PP/PSOE en estos 23 años (2003/2025) en los que contamos con estadísticas oficiales fidedignas? Creo que no, que la respuesta institucional y de la sociedad española en su conjunto, en estos últimos 23 años, ha sido la correcta, con errores que siempre se pueden corregir, sobre todo en el orden punitivo, que es el sistema más gravoso que se puede implementar y no siempre es el más adecuado en la solución de los conflictos sociales.
España es uno de los países más seguros y de menor tasa de homicidios en general del mundo y, en particular, de homicidios por violencia de género, y no sólo en relación con países de tradicional índice de criminalidad homicida, sino también en relación a los países más ricos y prósperos del planeta que tienen, además, los niveles más altos de igualdad, cultura y educación cívica.
Así, España presenta tasas de homicidios (en general y de violencia de género y también en agresiones sexuales en particular) más bajas que la de países mucho más ricos y de mayores índices de igualdad como Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca (los llamados países nórdicos).
Este hecho, que es una paradoja (que, frente a la «paradoja nórdica», yo la llamaría «paradoja mediterránea», pues Italia, Grecia y Portugal nos acompañan también con bajísimos niveles de criminalidad homicida), debería hacernos pensar si, tal como plantea el movimiento feminista en general y algunos estudios académicos y de medios, el problema de que persita la violencia de género, en su versión homicida, es un problema principalmente de educación. O sea, a mayor educación de nuestros menores y jóvenes, menor violencia de género en su itinerario vital de mayor.
Ese planteamiento, a mí entender (y la «paradoja nórdica» lo desmiente), es rotundamente falso.
El problema de la delincuencia en general (la violencia de género es una forma particular de delincuencia) necesita análisis más profundos y complejos para interpretar primero el hecho delincuencial y luego tomar las medidas (la política criminal del Gobierno de la nación) para reducirlo en lo posible, en la inteligencia de que una delincuencia cero o próxima al cero es un mundo idílico que jamás se va a producir.
Por supuesto que una media de 53 homicidios de mujeres al año por sus parejas o exparejas son muchas muertes, sin que en estos 23 años de estadísticas hayamos avanzado sustancialmente para reducir esa tasa a la mínima expresión. Pero no es menos cierto que:

  • a) Nuestra delincuencia homicida sobre violencia de género está contenida en la tasa de 46/50 víctimas anuales desde hace 14 años.
  • b) Nuestra tasa de homicidios es mucho más baja que la de países de alto nivel económico, social, igualitario, educacional y cultural, como por ejemplo Suecia, Finlandia, Noruega o Dinamarca, y a mucha mayor distancia de países como México e incluso EEUU.

Es evidente que la muerte de una sola persona, por violencia de género o por cualquier otra causa, es un fracaso de la sociedad en su conjunto y, por supuesto, de la política criminal del Gobierno de la nación. Pero, a diferencia de la mayoría de países del mundo, que no pueden decir lo mismo, España, en su respuesta gubernamental y social al gravísimo problema de la delincuencia homicida, progresa adecuadamente.
Pero, desgraciadamente, mientras que en España y en la mayoría de países del mundo libre, las mujeres (y los hombres con ellas) pueden celebrar su Día Internacional de la Mujer en plena libertad reivindicativa, exigiendo y consiguiendo avanzar en todo tipo de derechos, las mujeres de Siria, Afganistán, Pakistán, Irak, Irán, Arabia Saudí, la mayoría de países musulmanes y de las diversas dictaduras que aún existen en el mundo no podrán celebrar este Día porque carecen de toda clase de derechos y no los pueden reivindicar, pagando, incluso, con sus propias vidas, si se salen lo más mínimo de la ortodoxia marcada por los dirigentes de sus respectivos países.
Por eso creo que, frente a un mundo cada vez más violento (donde la educación no es, ni mucho menos, un signo de menor violencia en los países más avanzados y prósperos del mundo), la verdadera asignatura pendiente, a mí entender, para erradicar la violencia en general y, en particular, el ejercicio de poder y posesión del hombre hacia la mujer, un marco hegemónico masculino arraigado en nuestras sociedades desde el inicio de los tiempos, es la TOLERANCIA. Cuando consigamos llevar e impregnar de tolerancia todas las facetas de nuestra vida en sociedad, estaremos en el camino adecuado para que la violencia, todas las violencias, vayan desapareciendo definitivamente del proyecto universal del ser humano.

ONU.
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