
La cubierta del libro está basada en el original de un cuadro pintado a óleo. «La portada representa una imagen anónima de perfil, el arquetipo de la adolescencia, que vive entre la responsabilidad incipiente y la imaginación. Blanco, negro, verde y fusión de colores en armonía para sumergirse en un mundo perfecto pero sujeto a la realidad. Las alas son el soporte físico de su fantasía, permaneciendo en cierto contacto con la realidad. En cambio, la imaginación más pueril e idealista está representada con burbujas livianas evanescentes. Las pompas representan la verdadera libertad; es lo único de lo que nadie nos puede privar. Por eso tiene toques de colores vivos y cálidos, como los versos adolescentes de Beatriz Pérez González…», sugiere Silvia Caro sobre su cuadro.