ARTÍCULO DE OPINIÓN
Teodoro Leo Menor
Costa estaba en contra del turnismo de partidos (Cánovas y Sagasta, ¿recuerdan?) y abogaba por regenerar la sociedad en su conjunto, empezando por los partidos políticos. Creo que hoy más que nunca, o más bien, hoy como en el periodo decimonónico, hace falta el Regeneracionismo de la sociedad española y sus instituciones. Las próximas elecciones generales serán probablemente determinantes para encauzar o no nuestro futuro. Vemos que los partidos al margen de las dos grandes fuerzas (PSOE y PP) tienen su techo: Nace VOX con escasas posibilidades; UPyD puede ser que no pase del 10% y todo gira en torno a la figura de su emblemática líder; IU jamás podrá desbancar al PSOE y sus subidas son, y lo han sido históricamente, coyunturales; Ciudadanos tiene su techo definido (tal vez unido a UPyD el futuro sería más halagüeño para ambas formaciones). ¿Entonces? Pues poner en marcha una auténtica política nacional regeneracionista. No creo, de ninguna manera, que Sánchez Gordillo, la retrógrada ultraizquierda y los grupos antisistema ni por supuesto la visionaria y fantasmal ultraderecha, puedan liderar, ni ahora ni en el futuro próximo, ninguna revolución desde abajo. Ante el más que posible descenso de las dos grandes fuerzas (PSOE y PP) -no tanto como pudiera parecer dado el ecenario que vivimos-, planteo 4 hipótesis:
a) PSOE más IU probablemente no lleguen a la mayoría absoluta (no creo que UPyD entre en esa coalición con IU).
b) PP más UPyD y Ciudadanos probablemente no llegue a la mayoría absoluta.
c) Una gran coalición de partidos afines nucleados en torno a las dos grandes fuerzas (cuidado con la fórmula del pentapartito).
d) La cohabitación, como en Alemania, del partido conservador (PP) y la socialdemocracia (PSOE) (descarto que PSOE y PP se sigan sometiendo al chantaje de los grandes partidos nacionalistas supuestamente moderados).
A mi entender, una coalición de las dos grandes fuerzas sería la única (salvo que Miguel Leo me demuestre lo contrario) que podría: hacer naufragar el proceso soberanista, reformar la Constitución, establecer un Estado Federal simétrico señalando las singularidades de Cataluña y País Vasco, acabar contundentemente con la corrupción y el clientelismo y apuntalar la Monarquía. Por supuesto, regenerar la sociedad española empezando por lo más prioritario: los partidos políticos, los sindicatos y, también, las organizaciones empresariales.